Bienvenido, te comparto unos cuantos aprendizajes de un terco al que le falta poco por irse:
No creas eso que dicen por ahí de la inocencia del amor. Cuando nos gusta algo, alguien, no medimos las hormonas lo suficiente y cuando sí lo hacemos reprimimos tanto que empiezan dolores de cabeza que demoran toda la vida. No te afanes al pensar en el sufrimiento de otros. Los otros no se afanan en pensar en el tuyo. Les duele segundos y luego lo olvidan.
Los que dicen creerse dueños del mundo no son gente buena. Si lo fueron no se adueñarían de nada, y lo hacen. Aunque dicen no quererlo. El amor al ego. Ese fascinante impulso que nos miente y el que aceptamos porque nos encanta mentirnos. Todo es más rápido en la mentira. Resolvemos todo como al pagar por saltarnos pasos. No existe aquello que los viejos llaman inocencia. Esa se pierde apenas salimos del útero.
No nos enamoramos de alguien. Nos enamoramos del ego. Del dominio y el triunfo sobre otros. Voltea un poco el concepto de decencia. ¿Qué obtienes? No obtienes indecencia, no seas vano. Ve más allá. Obtienes placer al ser indecente. No es difícil pecar. Es una simple acción. Un propósito. Un medio para lograr algo. Solo que por el camino más corto, jaja.
Cuando miras a alguien, no estás mirando a la persona en sí. Al contrario. Miras todo lo que obtienes, lo que los demás ven al verte con él o aquella, el triunfo hacia tus pares y los que se sintieron más que tú. Ese es el vicio en el ego. No te enamoras de alguien. No amas a alguien. Amas a tu ego. Sentir cómo crece, como un gran globo de helio en el espacio. Travieso. Los demás piensan en ti. Hablan de ti. Murmullan como ratones rumeando queso. Es fácil. Somos impresionables, los humanos.
Con el pequeño triunfo de otros odiamos y queremos con la misma intensidad, pero no es querer a la persona triunfante, no. Es querer ese triunfo también. En la raíz, más allá que lo escrito en un libro, somos pecadores. Pecamos en nosotros mismos. Y el pecado no es más que intransigir el camino puesto por tomar o crear otro más conveniente. Dirás que estoy manipulando las palabras, cambiándolas, pero, ¿eso no es lo que mis ancestros milenios atrás hicieron cuando empezaron a crear el lenguaje? Las letras y sonidos no estaban en una caja para el descubrimiento de aquellos humanos, no. Las creamos. ¿Qué decir de la definición de un sustantivo? Que existió antes de jésus? La creamos, como creamos la imagen de Cristo.
Todo es controlado. La voluntad. La sonrisa al donar. Las cantidades de lo donado. Todo es mesurable. Hay que dar respuesta por los actos bien dados. Ese dichoso ego de sentirse bueno al dar a otros lo que no nos falta. La hermosa manía de la devoción falsa. Nos hace tan bien. Somos hipócritas hasta en las flatulencias que nos mentimos a nosotros mismos, culpando a otros.
Y ves, aquí lo bello es todo. No lo que escogemos. En cuanto escogemos algo ignoramos lo demás y por eso alguien en algún lado siente desprecio. ¿Crees que escogí mis palabras ahora? ¿Que escogí enojarte? Mira, ya pronto me voy, mejor quédate un rato y sigue escuchando…
Continuará…
Muy bueno!
Me gustaLe gusta a 1 persona